Museo Valdense
El ciclo de vida
El largo pasillo a la izquierda alberga el recorrido tematico sobre el ciclo de vida: los "ritos de paso" que escinden la vida cotidiana en una comunidad están indicados con objetos y fotografías (del Archivo fotográfi co valdense, con sede en este mismo edificio).
- Del nacimiento a la infancia: el nacimiento de un hijo o una hija constituia un acontencimiento que, a falta de médicos y comadronas, requería la ayuda de una mujer madura y experta. El bautismo se celebraba siempre en el templo, durante la función del domingo. Era el momento en el que los padres, el padrino y la madrina se comprometían, delante de la comunidad, a dar al recién nacido una educación según la enseñanza de las Sagradas Escrituras. En la vitrina está expuesta la canastilla de una familia acomodada. La infancia de los niños de condición social modesta era fatigosa y la familiaridad con el trabajo empezaba bien temprano. La infancia y la adolescencia estaban marcadas por la escuela y la instrucción religiosa. Los juguetes expuestos, aunque rústicos y construidos con materiales pobres, nos recuerdan que había en todo caso tiempo para jugar.
- Confi rmación: el paso de la infancia a la edad adulta para los valdenses coincidía con el momento de la confi rmación. Acabada la instrucción bíblica, muchachos y muchachas solicitaban la admisión en la comunidad, confi rmando el bautismo recibido de niños y por primera vez se les admitía a participar en la Santa Cena (comunión con el pan y el vino en recuerdo de la última cena de Jesucristo).
- Noviazgo y nupcias: había una costumbre antigua según la cual el novio ofrecía a la novia pequeños objetos labrados a cuchillo durante las veladas invernales. Entre los expuestos se pueden ver: ruecas para hilar, cofrecitos para el trabajo tallados y pintados, estuches para el espejo y los peines. Las nupcias eran un acontecimiento para la familia y la comunidad y, como hoy en día, preveían festejos con cortejos, banquetes y bailes.
- Muerte y usanzas fúnebres: en las zonas de montaña podía suceder que fuera necesario aplazar el entierro a causa de la impracticabilidad de las carreteras. Por eso también, ante la necesidad de conservar el cadáver en casa, las familias tenían siempre a disposición tablas de pino para construir el ataúd. Generalmente se realizaba un breve servicio religioso en casa o en el patio y después se llevaba el ataúd a hombros con pértigas hasta el lugar de la sepultura. En otros casos se empleaba un trineo grande o un carro con caballo (expuestos aquí). Hasta 1848 la prohibición para los valdenses de enterrar a sus muertos en los cementerios locales les obligaba a utilizar lugares apartados para la sepultura.